domingo, 10 de mayo de 2015

El cuerpo fragmentado

Disfrazamos al cuerpo en estas tradiciones occidentales como un envase de símbolos de símbolos, una mina explotada con alegría por el artista. 
Parece reestructurarse, prestándose a nuevas definiciones, a nuevos usos, a nuevas relaciones.
Del uno al dos existe uno, existe el cuerpo, que se convierte en material, y por medio de su relación con el entorno, obtiene una forma. Pareciera que al intervenir, el cuerpo roba el protagonismo, pero el espacio mismo es partícipe de lo que determina esa reestructuración que afecta al cuerpo. 
La relación entre el marco y cuerpo fragmentado es crítica, pudiendo convertir a UN cuerpo en El cuerpo o viceversa, o volcándolo a un significado específico, reduciéndolo, generalizando, señalando algo para que resalte entre toda la lista de clichés, y participe en el propuesto proceso de reestructuración.
¿De qué manera nos relacionamos con el cuerpo? Parece que ponerle nombre a cada centímetro no nos da ese control que es anhelo de muchos. Así como su uso instintivo nos enfrenta a una subjetividad que puede dejarnos anonadados. Es un tema que fácilmente puede caer en la metafísica y quedarse ahí. Parece ser que disfrutar de los descubrimientos es todo lo que puede hacer uno para no aferrarse a soluciones amables. Al final todo queda en posturas, y la mayoría causan dolor de espalda.

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