Mauricio Alejo lideró esta ponencia; personaje afable con una obra engañosamente sencilla. Inició su exposición con lo que parecía un enfoque cronológico, mostrando algunas de sus primeras piezas fotográficas, dando una explicación algo sosa sobre el porqué de esas fotografías. Posteriormente las mismas se convierten en un claro boceto de su proyecto formal, un proyecto que fue de gran atractivo para mi.
Mientras más te adentras en su obra, más se vislumbra un trabajo contemplativo con una preponderancia de lo visual sobre una argumentación explicativa, como si se tratara de actos de magia que asombran sin llegar a entenderse del todo. Abrumadoras, si se busca una explicación concreta de cada imagen. Hay un discurso resuelto y propuesto en algunas de ellas, como es el caso del platillo volador, pero las que más valiosas me parecen son esas que no logran concretar un discurso propio y se convierten en imágenes que dan paso a un estado empático por parte del espectador, haciendo énfasis las imágenes que remiten a la tensión, que no son pocas.
Hay una atmósfera de soledad, de asepsia, de monumentalidad y de objeto místico, pero dentro de todo (y esto fue lo que más me atrajo), la procrastinación parece una constante en su proceso creativo, él mismo asegura que de la observación fortuita de objetos cotidianos brota esa importancia, y esta observación, creo yo, para convertirla en toda una línea de trabajo, requiere un compromiso con la contemplación y una definición diferente del aprovechamiento del tiempo.
Ésta tensión inanimada fue lo que más me "calentó" como diría Ganado Kim, pero a modo de cierre quiero mencionar éste concepto de la línea recta, que a decir verdad no sé quien propone originalmente pero retomo al arquitecto Oscar Miemeyer:
"Não é o ângulo reto que me atrai, nem a linha reta, dura, inflexível, criada pelo homem."
Él presenta a la línea recta como "creada por el hombre", que ésta no se presenta en la naturaleza. Compartía esta idea hasta que Alejo nos presentó su video de "Line" en el que se nos muestra una línea vertical inmóvil que es perturbada por un dedo que nos revela la verdadera naturaleza de esa línea, que en realidad es un hilo constante de agua cayendo de lo que supongo, es una llave. Las dudas brotaron y comencé a preguntarme si esto solo es replicable de manera artificial, o estos "hilos" de agua también aparecen de manera natural. Si fuera el caso, ¿en dónde queda nuestra tan aclamada línea recta?
Line-Mauricio Alejo
miércoles, 19 de noviembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
Barthes el Spectator
Tenemos enfrente una lectura del tipo que moldea el lenguaje y lo somete a sus fines particulares. De características cuasi-poéticas sin alejarse mucho del comentario personal, pero que logra expandirse y conectar. Barthes escribe como si nos fuera a importar su opinión, sin disculpas y a manera de soliloquio, se apropia del discurso, tanto, que incluso las citas parecen subordinarse en el párrafo.
Hay en el texto una constante necesidad de catalogación, que es solo una relación, un tipo de medida teóricamente personal para entender-apropiarse del entorno, que tiene la posibilidad de ser aprovechado por los lectores como un glosario. Ésta catalogación guarda una deliciosa singularidad de la que podemos aferrarnos y contestar a cada propuesta con un corrosivo "eso es lo que tú piensas" con énfasis en el "tú". Aunque esta figura de contrapeso es necesaria frente a todo discurso para ganar certeza de que hay un trabajo razonado detrás de esas ideas, y lo ideal sería que el mismo hablante representara ese papel, también existe la opción de empatizar con el discurso del hablante, o escritor en éste caso. Dentro de sus catalogaciones, Barthes habla del Operator, Spectrum, Spectator, Studium, Punctum, Advenimiento. La presencia del latín podría sugerir una búsqueda de comunicación con un público romance, incluso después de la apropiación, y el tratado poético por el cual re-significa estas palabras, intenta mantener una coherencia. Posteriormente va agregando elementos a su definición, acabando por volver protagonistas al Spectator y el Punctum.
El spectator viene a definirse como aquél que mira la fotografía, que, asegura Barthes (con respecto a la fotografía como objeto) que nunca vemos el objeto en sí, que hasta cierto punto los tecnicismos pierden importancia frente a la discurso mágico que contiene la imagen en ese objeto, idea que tendría que revisarse porque está generalizando, escudándose tal vez en el estado naif del espectador usual, aunque suena más interesante aplicar esta idea a un contexto tecnológico. La idea de devaluar las características técnicas de la fotografía, viene apoyada por la postura de Barthes frente al fenómeno, en el que se reconoce como ajeno a la burbuja del operator. Seguramente para ahora ya debe haber documentos o textos sobre la visión de la fotografía objeto y la fotografía imagen entendidos desde el operator, refiriéndome a antítesis de lo que estipula La cámara lúcida, concebida en una era donde se están generando nuevos valores sobre la imagen.
Regresando al "espectador", toca levemente el tema de la propiedad sobre la fotografía objeto y se extiende de ahí hacia la objetivación del retratado, en donde genera un monólogo sobre la pose, o éste personaje en el que nos convertimos cuando vamos a ser fotografiados, acto que el acusa de restar autenticidad a la imagen y al concepto que se puede rescatar de la persona retratada. Cuestiona el por qué de este comportamiento, segundo tema que retomo como relevante en la era tecnológica con la aparición de la cultura de la selfie. Aparte de la selfie el otro tema que al parecer a generado debate frente a lo que estipula Barthes es esa autenticidad de la que habla. ¿Una pose no acaba por ser un indicador de la personalidad, o necesidades/carencias (que a su vez remiten a lo que la persona es)? No solo somos cuando no nos ven o no sabemos que nos están viendo.
Damos un gran salto hasta el Punctum, y la conflictiva idea del elemento comunicativo del objeto. Dentro de un pensamiento casi mágico, dota de cierto ¿animismo? a la fotografía con todo su tratado del Studium y el Punctum. El objeto entonces adquiere características que podrían englobarse en un sinónimo de alma irradiante con el que la teoría del arte no concuerda cuando se aborda de manera general. ¿Habría entonces que separar a lo que se considera arte dentro de la fotografía y darle un tratado diferente a esas piezas que nos punzan? En una sociedad jerarquizada, prevalecen ideas que se preservan por medio de la educación (no limitar al estudio en instituciones) y que tienen un papel de gran importancia en la manera en la que entendemos, traducimos, medimos, nuestro entorno. Eso nos predispone de muchas maneras y frente a muchas situaciones. ¿Qué tan personal es nuestra personalidad? ¿Qué tanto público puede abarcar, con resultados similares, una imagen punzante? Yo veo esa característica punzante como una traducción simbólica de la imagen, bajo el lenguaje particular del receptor que viene de su contexto. Quizá las imágenes que etiqueta de punzantes puedan abarcar un público que vive bajo el velo del mismo paradigma, y estas reacciones no sean tan aplicables fuera de ese paradigma. No lo sé. El autor hace mención a este fenómeno de las fotos familiares que tienden a activar el punctum de manera más sencilla. ¿Hasta dónde se extienden los lazos familiares que pueden provocar esto de manera natural y hasta donde el concepto aprendido de familia afecta en la extensión de éstos lazos y de esta facilidad de punctum? El concepto de familia ha cambiado con el tiempo, lo que significa que hay posibilidades de subjetividad en su modelo, si no también en la afectación sentimental que ejerce sobre el individuo. Otro gran ejemplo podría ser la diferencia histórica en el concepto de belleza. "The heart wants what it is indoctrinated by society to want" dice Jenny Holzer. Por ahora me mantengo con la postura de que aquello que hace que amemos una fotografía, es en gran parte aquello que nuestro "paradigma" nos inculca que podemos o debemos amar.
Otra postura (biológica) sobre la percepción de lo lindo, sensual, dulce y gracioso como una respuesta a la necesidad y no como algo intrínseco: http://www.ted.com/talks/dan_dennett_cute_sexy_sweet_funny
martes, 11 de noviembre de 2014
Ponencia con Marco Lara Rodriguez
Esta magistral abarcó varios temas que pueden considerarse de gran relevancia en éste momento, que bien pueden abarcar una ponencia cada uno. Aunque indudablemente apasionado, por momentos el discurso se tornó violento, y poco a poco Marco se presentó con una postura que no comparto del todo. Esta postura de la que hablo, o por lo menos, lo que percibí (no había dormido nada ese día y al parecer cerré los ojos por una saludable media hora), se centró en una idea progresista del arte o sus medios, postura que varias personas no solo en el arte entienden como la norma, en la que se tiene una concepción de las innovaciones que retan al "paradigma" (hago uso de Kuhn porque puedo) como una superación de lo establecido, de lo "ya hecho"; esto último se trata ahora como veneno vil, como criatura ponzoñosa, todos deseamos innovar y vivimos temerosos de estar repitiendo resultados, de no ser verdaderos "creadores". Hasta el momento sigo manteniendo mi postura de que el artista no crea, puntualiza. Partiendo de eso, el artista y su obra, que no son puntuales porque (ambos) son resultado de una construcción que se puede entender "temporal" y que como menciono en el comentario sobre Jeff Wall, el momento se estira desde que nace como posibilidad hasta que sus repercusiones dejan de resonar en la memoria de lo sensible. Dicho esto la materialidad no representa todo el espectro de la existencia, por lo tanto, cuando se "crea"(materializa) obra, solo se está transformando una posibilidad en un objeto que repercute. Esa materialización conlleva varios ingredientes, y está intrínsecamente unida a su entorno y el paradigma que reina, que dotará al objeto de un lenguaje acorde. Con todo esto quiero decir que uno puede dedicarse a generar obra avant garde bajo los preceptos progresistas o ir a las cuevas a pintar manos en las paredes y ambas serán expresiones contemporáneas.
Alguna vez me contó un compañero de la superior de música que algunos partidarios de la música electrónica sostenían que ésta había venido a aplastar todo el tratado clásico, que la electrónica era el automóvil frente a la clásica que era el andar y que no valía la pena seguir aprendiendo temas obsoletos. Uno de los profesores, claramente en desacuerdo, les recordó que en algún momento necesitarían bajar del auto para ir a cagar (sic) y que si no sabían andar, probablemente se cagarían en los pantalones (sic). Caló hondo en mi ésta vulgar historia, no porque considere que todo artista debe tener una formación "histórica", si no porque entendí que cada medio es (o puede ser) valioso, que la educación artística debe ser cubriente y no solo progresista. Las técnicas clásicas no deben ser demeritadas, porque su ímpetu, su momento, sigue repercutiendo ahora, lo que demuestra que todavía funcionan como herramientas comunicativas y mientras siga siendo así, todo resultado que brote de ahí será considerado valioso, por mi, al menos.
| Christy Lee Rogers |
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