Hay en el texto una constante necesidad de catalogación, que es solo una relación, un tipo de medida teóricamente personal para entender-apropiarse del entorno, que tiene la posibilidad de ser aprovechado por los lectores como un glosario. Ésta catalogación guarda una deliciosa singularidad de la que podemos aferrarnos y contestar a cada propuesta con un corrosivo "eso es lo que tú piensas" con énfasis en el "tú". Aunque esta figura de contrapeso es necesaria frente a todo discurso para ganar certeza de que hay un trabajo razonado detrás de esas ideas, y lo ideal sería que el mismo hablante representara ese papel, también existe la opción de empatizar con el discurso del hablante, o escritor en éste caso. Dentro de sus catalogaciones, Barthes habla del Operator, Spectrum, Spectator, Studium, Punctum, Advenimiento. La presencia del latín podría sugerir una búsqueda de comunicación con un público romance, incluso después de la apropiación, y el tratado poético por el cual re-significa estas palabras, intenta mantener una coherencia. Posteriormente va agregando elementos a su definición, acabando por volver protagonistas al Spectator y el Punctum.
El spectator viene a definirse como aquél que mira la fotografía, que, asegura Barthes (con respecto a la fotografía como objeto) que nunca vemos el objeto en sí, que hasta cierto punto los tecnicismos pierden importancia frente a la discurso mágico que contiene la imagen en ese objeto, idea que tendría que revisarse porque está generalizando, escudándose tal vez en el estado naif del espectador usual, aunque suena más interesante aplicar esta idea a un contexto tecnológico. La idea de devaluar las características técnicas de la fotografía, viene apoyada por la postura de Barthes frente al fenómeno, en el que se reconoce como ajeno a la burbuja del operator. Seguramente para ahora ya debe haber documentos o textos sobre la visión de la fotografía objeto y la fotografía imagen entendidos desde el operator, refiriéndome a antítesis de lo que estipula La cámara lúcida, concebida en una era donde se están generando nuevos valores sobre la imagen.
Regresando al "espectador", toca levemente el tema de la propiedad sobre la fotografía objeto y se extiende de ahí hacia la objetivación del retratado, en donde genera un monólogo sobre la pose, o éste personaje en el que nos convertimos cuando vamos a ser fotografiados, acto que el acusa de restar autenticidad a la imagen y al concepto que se puede rescatar de la persona retratada. Cuestiona el por qué de este comportamiento, segundo tema que retomo como relevante en la era tecnológica con la aparición de la cultura de la selfie. Aparte de la selfie el otro tema que al parecer a generado debate frente a lo que estipula Barthes es esa autenticidad de la que habla. ¿Una pose no acaba por ser un indicador de la personalidad, o necesidades/carencias (que a su vez remiten a lo que la persona es)? No solo somos cuando no nos ven o no sabemos que nos están viendo.
Damos un gran salto hasta el Punctum, y la conflictiva idea del elemento comunicativo del objeto. Dentro de un pensamiento casi mágico, dota de cierto ¿animismo? a la fotografía con todo su tratado del Studium y el Punctum. El objeto entonces adquiere características que podrían englobarse en un sinónimo de alma irradiante con el que la teoría del arte no concuerda cuando se aborda de manera general. ¿Habría entonces que separar a lo que se considera arte dentro de la fotografía y darle un tratado diferente a esas piezas que nos punzan? En una sociedad jerarquizada, prevalecen ideas que se preservan por medio de la educación (no limitar al estudio en instituciones) y que tienen un papel de gran importancia en la manera en la que entendemos, traducimos, medimos, nuestro entorno. Eso nos predispone de muchas maneras y frente a muchas situaciones. ¿Qué tan personal es nuestra personalidad? ¿Qué tanto público puede abarcar, con resultados similares, una imagen punzante? Yo veo esa característica punzante como una traducción simbólica de la imagen, bajo el lenguaje particular del receptor que viene de su contexto. Quizá las imágenes que etiqueta de punzantes puedan abarcar un público que vive bajo el velo del mismo paradigma, y estas reacciones no sean tan aplicables fuera de ese paradigma. No lo sé. El autor hace mención a este fenómeno de las fotos familiares que tienden a activar el punctum de manera más sencilla. ¿Hasta dónde se extienden los lazos familiares que pueden provocar esto de manera natural y hasta donde el concepto aprendido de familia afecta en la extensión de éstos lazos y de esta facilidad de punctum? El concepto de familia ha cambiado con el tiempo, lo que significa que hay posibilidades de subjetividad en su modelo, si no también en la afectación sentimental que ejerce sobre el individuo. Otro gran ejemplo podría ser la diferencia histórica en el concepto de belleza. "The heart wants what it is indoctrinated by society to want" dice Jenny Holzer. Por ahora me mantengo con la postura de que aquello que hace que amemos una fotografía, es en gran parte aquello que nuestro "paradigma" nos inculca que podemos o debemos amar.
Otra postura (biológica) sobre la percepción de lo lindo, sensual, dulce y gracioso como una respuesta a la necesidad y no como algo intrínseco: http://www.ted.com/talks/dan_dennett_cute_sexy_sweet_funny
No hay comentarios.:
Publicar un comentario