martes, 11 de noviembre de 2014

Ponencia con Marco Lara Rodriguez

Esta magistral abarcó varios temas que pueden considerarse de gran relevancia en éste momento, que bien pueden abarcar una ponencia cada uno. Aunque indudablemente apasionado, por momentos el discurso se tornó violento, y poco a poco Marco se presentó con una postura que no comparto del todo. Esta postura de la que hablo, o por lo menos, lo que percibí (no había dormido nada ese día y al parecer cerré los ojos por una saludable media hora), se centró en una idea progresista del arte o sus medios, postura que varias personas no solo en el arte entienden como la norma, en la que se tiene una concepción de las innovaciones que retan al "paradigma" (hago uso de Kuhn porque puedo) como una superación de lo establecido, de lo "ya hecho"; esto último se trata ahora como veneno vil, como criatura ponzoñosa, todos deseamos innovar y vivimos temerosos de estar repitiendo resultados, de no ser verdaderos "creadores". Hasta el momento sigo manteniendo mi postura de que el artista no crea, puntualiza. Partiendo de eso, el artista y su obra, que no son puntuales porque (ambos) son resultado de una construcción que se puede entender "temporal" y que como menciono en el comentario sobre Jeff Wall, el momento se estira desde que nace como posibilidad hasta que sus repercusiones dejan de resonar en la memoria de lo sensible. Dicho esto la materialidad no representa todo el espectro de la existencia, por lo tanto, cuando se "crea"(materializa) obra, solo se está transformando una posibilidad en un objeto que repercute. Esa materialización conlleva varios ingredientes, y está intrínsecamente unida a su entorno y el paradigma que reina, que dotará al objeto de un lenguaje acorde. Con todo esto quiero decir que uno puede dedicarse a generar obra avant garde bajo los preceptos progresistas o ir a las cuevas a pintar manos en las paredes y ambas serán expresiones contemporáneas.
Alguna vez me contó un compañero de la superior de música que algunos partidarios de la música electrónica sostenían que ésta había venido a aplastar todo el tratado clásico, que la electrónica era el automóvil frente a la clásica que era el andar y que no valía la pena seguir aprendiendo temas obsoletos. Uno de los profesores, claramente en desacuerdo, les recordó que en algún momento necesitarían bajar del auto para ir a cagar (sic) y que si no sabían andar, probablemente se cagarían en los pantalones (sic). Caló hondo en mi ésta vulgar historia, no porque considere que todo artista debe tener una formación "histórica", si no porque entendí que cada medio es (o puede ser) valioso, que la educación artística debe ser cubriente y no solo progresista. Las técnicas clásicas no deben ser demeritadas, porque su ímpetu, su momento, sigue repercutiendo ahora, lo que demuestra que todavía funcionan como herramientas comunicativas y mientras siga siendo así, todo resultado que brote de ahí será considerado valioso, por mi, al menos. 

Christy Lee Rogers

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