Susan Sontag, multidisciplinaria. Su principal legado radica
en obra ensayística. En éstos ensayos se introduce a un análisis de temas
que van desde la política hasta la pornografía, en los que pareciera inevitablemente
introducir los tópicos del arte y la sociedad. Volteamos ahora a los 70’s de
Sontag, con tres temas desarrollados sobre “On photography” que explora el nicho que
se había construido hasta ese momento uno de los fenómenos de descubrimiento y conquista
más destacables de ésta época: la fotografía.
La caverna de Platón como analogía de la fotografía,
jugando con los papeles de fotógrafo y espectador dentro de la misma metáfora, catalogando
a uno u otro en condiciones de igualdad o desigualdad, a veces colocando al
segundo en la categoría superior de la dupla o devolviéndolo al montón, no solo
por dirección motivacional, sino por las condicionantes históricas y sociales que
generan miradas específicas y caminos específicos frutos de las inquietudes y
adolescencias propias del que fotografía. A veces el fotógrafo toma el papel de
liberador, a veces pertenece a los hombres atados, no podemos generalizar.
Enfrentamos también, algunas de las limitantes inherentes
de la imagen fotográfica en la que se menciona el aparente estatus
pasivo del fotógrafo, característica que pareciera (en aquella época,
actualmente se ha convertido en una realidad violenta) lentamente contagiarse
al espectador, pasividad que se propone nacida de una exposición constante y búsqueda
competitiva de los temas retratados (haciendo énfasis en los temas sensibles) pero
también a la desconexión espacial, temporal, del que sufre una persona frente a
un papel impreso.
Toda foto es un pasado, toda foto es un momento, y un lugar que no está realmente ahí, muchas veces desconectándose del contexto por causa de su especificidad, una imagen, un objeto. Generando una visión ambivalente, por tomar a la fotografía como formalizador y verificador de la palabra, pero también aprovechando la separación para tomar más libremente la decisión de responsabilizarse o no con lo que tenemos de frente.
Nace una falsa sensación de conquista sobre el mundo visible a causa de una sociedad que ha explotado los beneficios inmediatos de éste elemento hasta volverlo imperceptible, inconsciente. Pero también nace la falsa noción de la realidad fotográfica: gente inundada de imágenes del mundo que creen determinantes, de las que se apropian, de las que generan modelos, de las que se sirven para juzgar y condenar, y no se detienen a considerar que cada fotografía invariablemente está atada a su autor y a una limitación contextual. Tenemos como ejemplo la propaganda, tenemos cosas tan sencillas como el crop que se le hizo a la famosa fotografía de la niña vietnamita de Nick Ut, que dejaba fuera un elemento que cuando revelado, generó una discusión que caía en el tema de la pasividad del fotógrafo y sus límites, pero de nuevo, el simple hecho de que la fotografía viva dentro de un rectángulo inmóvil, limitando al observador, debería ser pretexto para generar la duda, para no tomar el discurso visual de cada foto desde el campo de la fe. Menciona Sontag una frase de Zola: «En mi opinión, no se puede declarar que se ha visto algo en verdad hasta que se lo ha fotografiado». Un Zola inmerso en la fotografía globalizada quizá no se hubiera atrevido a pronunciar esas palabras. Para la fotografía, pasar de un generador de verdades numerosamente interpretables a generador de dudas no es una degradación a mi parecer, sino un logro.
Toda foto es un pasado, toda foto es un momento, y un lugar que no está realmente ahí, muchas veces desconectándose del contexto por causa de su especificidad, una imagen, un objeto. Generando una visión ambivalente, por tomar a la fotografía como formalizador y verificador de la palabra, pero también aprovechando la separación para tomar más libremente la decisión de responsabilizarse o no con lo que tenemos de frente.
Nace una falsa sensación de conquista sobre el mundo visible a causa de una sociedad que ha explotado los beneficios inmediatos de éste elemento hasta volverlo imperceptible, inconsciente. Pero también nace la falsa noción de la realidad fotográfica: gente inundada de imágenes del mundo que creen determinantes, de las que se apropian, de las que generan modelos, de las que se sirven para juzgar y condenar, y no se detienen a considerar que cada fotografía invariablemente está atada a su autor y a una limitación contextual. Tenemos como ejemplo la propaganda, tenemos cosas tan sencillas como el crop que se le hizo a la famosa fotografía de la niña vietnamita de Nick Ut, que dejaba fuera un elemento que cuando revelado, generó una discusión que caía en el tema de la pasividad del fotógrafo y sus límites, pero de nuevo, el simple hecho de que la fotografía viva dentro de un rectángulo inmóvil, limitando al observador, debería ser pretexto para generar la duda, para no tomar el discurso visual de cada foto desde el campo de la fe. Menciona Sontag una frase de Zola: «En mi opinión, no se puede declarar que se ha visto algo en verdad hasta que se lo ha fotografiado». Un Zola inmerso en la fotografía globalizada quizá no se hubiera atrevido a pronunciar esas palabras. Para la fotografía, pasar de un generador de verdades numerosamente interpretables a generador de dudas no es una degradación a mi parecer, sino un logro.
Actualmente, ¿qué tanta validez queda en el dicho, “Una
imagen dice más que mil palabras”? En algunos casos parecería que tenemos mejor garantía al revisar las palabras que la imagen.

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