jueves, 12 de febrero de 2015

El Hombre de la Cámara

El hombre de la cámara es un reto para el espectador sobre-estimulado, acostumbrado a cine condescendiente y patronizador que lo guía de la mano por la una línea narrativa reformada mil veces. Incluso con la presentación que nos advierte a lo que nos enfrentaremos en un momento, uno se mantiene expectante, en búsqueda de líneas imaginarias que formulen una historia que satisfaga la responsabilidad que se le suele dar a aquello que prestamos nuestra atención. 
En cuanto a los aspectos técnicos de la película, la maraña de secuencias y el mismo título indican el seguimiento de un camarógrafo como personaje principal, aunque ciertas escenas parecen de carácter costumbrista más que girar alrededor de éste. Se abarcan un sinfín de escenas de entre las que se puede destacar la industria, las actividades cotidianas y los mismos procesos de grabación, edición y proyección. Contadas son en las que se nota una premeditación y en muchas de estas intervienen montajes o superposiciones que sugieren la dirección del filme. Especialmente atractiva me parece una escena en la que parece querer emularse el movimiento del ojo y la vista con la cámara. 



Es complicado enfrentarse a este evento con ojos frescos y apreciarla como la pieza histórica que es sin caer en críticas que partan de nuestra necesidad de espectáculo. La pieza original se ha transformado a través del tiempo no solo por el cambio de contexto y el desarrollo de la que fue parte y detonador, si no por indicios que parecieran más sencillos, como son la gran cantidad de bandas sonoras que se han compuesto para ser adaptadas a ésta y que seguramente se seguirán creando para dichos fines. Algunas de estas melodías responden a las indicaciones del mismo Vertòv, otras tantas son una interpretación personal de un momento que tiene la capacidad por instantes de ser apropiado por el espectador al no tener que obligar la búsqueda de paralelos en situaciones dramáticas, cómicas o del tipo que determinen el tipo de música. Durante la proyección, que tortuosamente para ésta concurrencia pos-moderna, transcurrió en silencio, no tardó en aparecer la ambientación musical por nuestra parte: en éste caso una tonada cómica que refería a la velocidad inusual que caracteriza a éstas secuencias, que inevitablemente remiten a lo gracioso. Esta capacidad de evolución y la apropiación a la que ha sido sujeta han demostrando su importancia y justifican por una parte su capacidad de permanencia.

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