Se da inicio con un par de escenas que retratan dibujos rupestres y un cohete despegando, para luego pasar a una serie de imágenes de paisaje natural sin aparente interferencia del hombre. Estas escenas parecen terminar cuando hace acto de presencia una vista de plantíos de tulipanes. Es a partir de esta imagen que comienza a aparecer la temática de la industria y la manipulación del hombre frente a los elementos, sin caer en imágenes alarmistas; en cambio, todo lo que se nos ofrece parece ser dotado de un aura de monumentalidad, no tanto por el tamaño si no por la fuerza que le imprime la perspectiva desde la que se decidió analizar dichos eventos.
Poco a poco se subyuga al paisaje con la intervención del hombre. Esta intevención se presenta como una re-estructuración del paisaje. Cosa interesante es que hasta éste momento, el hombre, la persona, participa en un segundo plano en el que solo es, por el espectador que se le reconoce como protagonista, un protagonista tácito. Ésta situación cambia de manera significativa en un una secuencia en la que aparece la afluencia de gente por una calle muy concurrida. La primera toma ataca a la multitud desde una posición superior, en la segunda, baja al nivel de las personas que caminan, en el tercero pareciera someterse a la multitud manteniéndose dentro del caudal, viendo a ésta desde una posición inferior, casi a nivel de suelo, la última mantiene la posición de la tercera pero avienta al espectador a un lado del caudal, como si se tratara de un mendicante. Otra secuencia importante es aquella en la que aparentemente se le dota al individuo de protagonismo, poniendo a un piloto frente a su jet y a un par de mujeres frente al Metro. Esta individualidad es aparente para mi, prescisamente por el contexto en el que se les coloca, siempre con una obra industrial detrás, definiendo al individuo, es así como la pieza progresa de un paisaje que es subyugado por (nunca para el individuo) el hombre para luego subyugar al hombre a su propio paisaje, a su propia fuerza interventora que al final no es perenne. Es paralelamente un análisis de la belleza adherida al progreso, como un elemento vanal y vacuo.

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