jueves, 26 de febrero de 2015

La Historia de Lisboa

Wim Wenders nació en Düsseldorf de la posguerra, destruida casi en su totalidad por los bombarderos durante la segunda guerra mundial. Cuenta que para él, el paisaje nunca le planteó preguntas porque no había tenido oportunidad de ver uno diferente. Las paredes derribadas, las chimeneas caídas le ofrecían el mismo estímulo que puede ofrecerle a uno el entorno monótono que recorremos día a día. Es hasta que se topa con un libro de pintura, que se da cuenta que ese paisaje derruido en el que habitaba, no era la norma y que las posibilidades del mismo también abarcaban la actividad creativa, constructiva. En algún momento acaba por estudiar pintura, impulsado por esta apertura de panorama, sin embargo comienza a incurrir en la fotografía y el cine, que si bien es el segundo en el que encuentra su realización profesional, nunca abandona su amor por la pintura y la fotografía, por considerarlas menos agresivas, más calmantes, menos controladoras de lo que puede llegar a ser una película.



La constante paisajística nunca la abandona pero inmiscuida ahí, viene otra constante, que es la de encuadrar cosas. Explica en una entrevista que desde aquél primer contacto con las pinturas, el marco representó a la vez de la imagen, un elemento de gran importancia simbólica. Ese algo que dotaba de relevancia a lo que enmarca, que lo legitimaba, pero que también representaba una barrera entre lo que se ve y lo que no. Esta escena en la película en la que Philip (el sonidista) pone a los niños en una habitación contigua, a adivinar que sonidos está reproduciendo con sus herramientas, puede ilustrarnos una de las versiones de ese marco fílmico. La película hace un montón de referencias a la historia del cine, entre ellas, Chaplin, Vertov y Buster Keaton, así como de los filmes situacionales de los Lumiére. La mísma película es un análisis sobre el cine desde dos flancos, el progresista o radical (que tira hacia el futuro por parte del director y su proyecto de película no vista) y la reinterpretación y apropiación (que vienen dados por el pasado y el presente con el proyecto original del director). Al parecer, en un principio la película estaba pensada como un promocional turístico de Lisboa, pero Wenders decidió integrar una narrativa y rendir a su vez, un homenaje a la historia del cine. Un detalle técnico de mencionarse sobre su obra es su orden preferido de filmación, en el que, al contrario del método común, graba las escenas en el orden en el que aparecerán en el producto final. Esto no siempre es posible en toda filmación, pero en sus primeras obras y en varias posteriores, éste es el método que decide usar.

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